Por Ariel García La IA amenaza una condición central de la corrección profesional: la presencia de una mirada humana que el autor no controla por completo. Cuando un escritor entrega su manuscrito a un corrector, hace algo más que contratar conocimientos lingüísticos. Acepta exponer el texto a una lectura autónoma. El corrector puede disentir, resistirse, preguntar, detectar algo que el autor no quiere ver, incluso incomodarlo. Ahí aparece una verdadera alteridad. Con la IA ocurre algo distinto. El escritor obtiene una revisión externa, sí, pero extraordinariamente dócil. Puede pedir otra respuesta, reformular el prompt o modificar las condiciones de […]
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